Frankenstein (2025): cuando el ego científico se convierte en tragedia
La nueva adaptación de Frankenstein que llega en 2025 es, sin dudarlo, una de esas películas que te obliga a elegir bando en la eterna pregunta: ¿quién es realmente el monstruo aquí? Y esa ambigüedad moral es precisamente lo que la hace funcionar.
Oscar Isaac como Victor Frankenstein es un desastre fascinante. Su interpretación captura ese narcisismo científico que ninguna otra película había logrado plasmar tan bien: un tipo que juega a ser Dios no por salvar la humanidad, sino por la vanidad pura de demostrar que puede hacerlo. Isaac nos muestra a un hombre cuya arrogancia es más peligrosa que cualquier rayo eléctrico.
Pero aquí viene lo interesante: Jacob Elordi como la Criatura no es un monstruo grotesco al uso. Es casi lo opuesto. El personaje tiene una vulnerabilidad devastadora, una sed de conexión humana que contrasta brutalmente con el rechazo sistemático que recibe. Elordi logra algo raro: hacernos simpatizar genuinamente con algo que visualmente repele, transformando al "monstruo" en la víctima más trágica de toda la historia.
Christoph Waltz, en su papel como Harlander, funciona como el catalizador moral de la película, ese personaje que ve claro lo que otros ignoran deliberadamente. Su presencia es breve pero memorable.
Lo que distingue esta versión es que no intenta modernizar la premisa de manera forzada. Se mantiene fiel a la esencia gótica del relato clásico pero con una fotografía contemporánea que enfatiza el horror psicológico sobre el físico. El experimento mismo es mostrado con cierta sobriedad que lo hace más inquietante que cualquier exceso visual.
La calificación de 7.7 es justa. No es perfecta: hay momentos donde el ritmo flaquea, y algunos diálogos caen en lo obvio. Pero la química destructiva entre Isaac y Elordi, esa danza de creador y creación que se consumen mutuamente, vale completamente la entrada.
Si buscas una película de terror clásico para disfrutar desde tu suscripción IPTV premium, esta entrega merece la pena más allá de ser solo un remake. Es una meditación sobre la responsabilidad científica, la soledad y cómo el rechazo puede convertir incluso lo más inocente en lo más vengativo. Frankenstein 2025 no busca sorprenderte; busca perturbarte. Y lo logra.