Deadloch es esa serie que promete ser un golpe certero de comedia negra australiana y termina siendo más un golpe a destiempo. Con un 6.3 en puntuaciones, la ficción se sitúa en ese territorio incómodo donde no acaba de convencer ni como thriller ni como comedia pura, aunque definitivamente tiene sus momentos.
El concepto base es sólido: un pueblito tasmaniano llamado Deadloch, un muerto misterioso durante el Festival de Invierno, y dos investigadoras con personalidades que chocan como placas tectónicas. Kate Box como Dulcie Collins y Madeleine Sami como Eddie Redcliffe tienen buena química, eso hay que reconocerlo. El problema es que el guion no siempre sabe qué hacer con ellas más allá de exprimir sus diferencias en chistes que no siempre funcionan.
Lo que rescata Deadloch es su atmósfera peculiar. Tasmania como escenario es visual y extraño, y esa rareza pequeñoburguesa de los pueblos australianos funciona mejor que el misterio en sí. Nina Oyama como Abbie Matsuda suma otro punto de vista que debería enriquecer la dinámica, pero en ocasiones siente que sobra en lugar de sumar.
El verdadero problema es la estructura. Dos temporadas con 14 episodios deberían ser suficientes para contar una historia sólida, pero Deadloch se dispersa. La investigación criminal muchas veces queda opacada por subtramas que no generan el suficiente interés. Es el tipo de serie que probablemente disfrutarás mientras ves en IPTV como contenido de fondo, pero que difícilmente recordarás detalles específicos cuando termine.
¿Vale la pena verla? Si te atrae la comedia negra australiana con tintes de misterio, sí. Pero mantén expectativas moderadas. No es The Fall ni es Fleabag. Es entretenimiento funcional que tiene un elenco competente haciendo lo que puede con material desigual.
Lo irónico es que una serie sobre un crimen en Deadloch no logra ser completamente viva ni completamente muerta. Se queda en ese limbo de entretenimiento pasable donde 6.3 es probablemente una calificación justa. Mejor que olvidable, peor que imprescindible. Si la ves en IPTV durante una tarde lluviosa de Tasmania (o en cualquier lado), no te arrepentirás, pero tampoco te perseguirá.